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China y su marketing exitoso

16/01/2019

El líder chino Xi Jinping aprovechó una oleada de orgullo nacional que se oponía a la influencia de occidente, y con ello está encaminando a China a ser la mayor potencia del mundo.

El periodista francés Francois Bougon, autor del libro Inside the Mind of Xi Jinping (En la mente de Xi Jinping), como corresponsal en Pekín de la Agencia France-Presse, observó cómo Xi fue convirtiéndose en una figura importante del Partido Comunista de China.

En medio de las relaciones comerciales ríspidas entre China y Estados Unidos se vuelve importante conocer al líder del gigante asiático.

En 2009, como vicepresidente, Xi Jinping estuvo en México para hablar sobre la cooperación global frente a expatriados, diplomáticos, hombres de negocios y estudiantes. En aquél entonces ya se perfilaba como el favorito para ocupar el cargo principal y sus afirmaciones resultaron impactantes.

Sus comentarios revelaron su profundo orgullo nacional y que China ya no necesitaba lecciones de nadie.

Las declaraciones de Xi mostraban molestia al referirse a una superpotencia sin mencionarla directamente (Estados Unidos) a quien acusó de tener un comportamiento cuestionable como nación.

“Hay ciertos extranjeros bien alimentados que no tienen nada mejor que hacer que apuntar con el dedo”, declaró. “Sin embargo, en primer lugar, China no exporta la revolución. En segundo lugar, nosotros tampoco exportamos pobreza o hambruna. En tercero, nosotros no provocamos problemas en los países de otras personas. ¿Qué más puedo decir?”

En 1990 se abrió paso el nacionalismo con un exitoso libro de 1996 escrito por cinco jóvenes intelectuales chinos, China Can Say No. En este material acusaban a Estados Unidos de querer contener a China, tal y como lo hizo antes con la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

Años más tarde, en 2009, algunos de esos mismos autores lanzaron el libro Unhappy China (China descontenta), donde afirmaban que el país debía adoptar una postura hegemónica como oposición a Occidente. China debía expandir su influencia.

Aprovechando esta oleada de orgullo nacional, Xi llegó al poder en 2012, halagando a los jóvenes nacionalistas y al mismo tiempo entraba en contacto con los defensores del neoautoritarismo de la década de 1980, quienes creían que solo un régimen fuerte había sido capaz de salvar al país de la represión de antaño, cuando China había sido marginada por otras naciones, cuando el entonces líder Deng Xiaoping aconsejó “mantener un perfil bajo y esperar nuestro momento”.

Xi ha roto con esta doctrina del perfil bajo y ha identificado plenamente a Estados Unidos como el gran enemigo del siglo para China.

Xi Jinping ha ido muy lejos al concederse a sí mismo un nuevo título como comandante en jefe del ejército. Con ello puede estar a cargo de las operaciones militares cotidianas en el caso de que surjan conflictos externos en la región que ocupa en Asia.

Ha establecido islas artificiales para que China defienda los territorios que países como Vietnam y Filipinas reclaman su soberanía.

En el verano del 2016, Manila apeló en la corte que concliuyó que Pekín había “violado los derechos de soberanía de Filipinas”. Xi rechazó el fallo y a través de los medios de comunicación chinos se denunció un plan de Occidente para contener el desarrollo de China.

Xi ha sabido aprovechar el momento y sacarle jugo a las debilidades de los países de Occidente tras la crisis financiera del 2008. El orgullo nacional de la juventud china volvió a pronunciarse.

En 2009, Liu Yang, uno de los autores de China Can Say No y Unhappy China, publicó China Has No Model (China no tienen ningún modelo), donde afirma que China debe encontrar su propio camino guiándose de la ética y la moral, lo opuesto a los intereses capitalistas.

Las reformas aplicadas en el pasado por Deng causaron corrupción y desigualdad social, sin embargo, con ello China redescubrió su fortaleza. Ha convencido a la mayoría del pueblo chino de que la cultura de occidente no es buena para su país. El escritor Liu ya evocada al sueño chino desde antes de que XI asumiera el poder.

En 2014, en un discurso, Xi dijo cosas muy positivas de la cultura y calidad de China, y presentó al país como una civilización aparte. Si China está muy lejos de Europa, ¿por qué tendría que convertirse en una democracia? Apeló a el desarrollo único de su nación y la impermeabilización de China ante las mezclas culturales y las influencias externas.

Uno de las más grandes influencias del líder chino Xi Jinping, el catedrático Zhang Weiwei de la Universidad Fudan en Shanghái, afirma que China será una nación que influirá en todo el mundo, y que se está alejando del mundo vertical en el que Occidente está en la cima, para acercarse a un mundo horizontal, en el que todas las naciones, entre ellas China, serán iguales a Occidente en cuanto a su poder económico e ideas.

Zhang considera también que “muchos países recurren a China en busca de inspiración, ya que ha sido mucho más exitosa que muchos otros países en los últimos 40 años, en particular, al enfrentar problemas como la erradicación de la pobreza y el surgimiento de la clase media más numerosa del mundo”.

El modelo occidental está perdiendo fuerza luego de la crisis del 2008, la democracia se va debilitando por toda Europa, la desigualdad está a la alza y los “perdedores” de la globalización están listos para votar por partidos que prometen un Estado fuerte.

Prueba de ello fue la elección de Donald Trump que reveló lo impredecible que puede ser la democracia. La prensa china aprovechó para dar una lección a los estadounidenses aconsejándoles analizar detalladamente su “arrogante democracia”.

Esta lección llega luego de que durante muchos años el estado chino ha tenido que responder un informe anual sobre derechos humanos en China, elaborado por Washington. El gobierno chino refuta acusando a Estados Unidos de su creciente inseguridad y crímenes ejecutados con arma de fuego, la discriminación racial y desigualdades económicas que se incrementan, para concluir que Norteamérica no es en lo absoluto la tierra de la libertad.

Xi no es el único líder que promueve un modelo alternativo, de hecho está ganando terreno con su filosofía, se le ha unido Vladimir Putin de Rusia, Víktor Orbán de Hungría y Recep Tayyip Erdogan de Turquía.

Al parecer no hay nada que pueda impedir la expansión del modelo chino.

Su plan es ganar influencia y amigos europeos con la inversión de 10,000 millones de dólares (2014) en la construcción de un importante cruce de caminos en Los Balcanes, un territorio al que occidente considera un fastidio, pero que China ve como un conducto a los nuevos miembros de la Unión Europea y entre los posibles candidatos a pertenecer a ella.

China dice sí podemos

Xi se enorgullece de que China sea la única potencia que puede estar a la par de Estados Unidos en cultura, economía y poderío militar. Este liderazgo se refleja en la cantidad de servidores civiles de países no democráticos de África y del sureste de Asia que son enviados a Pekín para recibir entrenamiento propagandístico.

Otra prueba de éxito de la influencia china en occidente fue la visita del mandatario Jinping y su esposa a Estados Unidos en abril de 2017, cita en la que la nieta del presidente Trump cantó una canción china, gesto que deja entrever que China podría convertirse en el símbolo de un giro geopolítico, en el que China supla a Estados Unidos como la superpotencia dominante.

Con esta reunión quedaron atrás los ataques del presidente de Estados Unidos a China. Lo llenó de elogios en una entrevista con The Wall Street Journal: “Tenemos una gran química juntos. Nos agradamos el uno al otro. Me agrada mucho. Creo que su esposa es maravillosa”.

Los avances que ha tenido China la tienen casi en la cima como potencia mundial, ha logrado expandir su filosofía a otras naciones que, ante el desgaste del modelo democrático, apuestan por un cambio radical a darle mayor poder a partidos que ofrezcan crecimiento y espíritu nacionalista. Este nacionalismo es el centro del exitoso marketing de China, del que ha sabido sacar provecho y contagiarlo a su pueblo.

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